Guía de Restaurantes del Uruguay en Internet
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Restaurante Comentario
Walther´s House

Lamento mucho la noticia de este cierre que hace que me quede con el comentario en el tintero. En el alicaido panorama gastronómico del Centro me había encontrado con esta opción que tenía originalidad y buena calidad en el agradable y espacioso entorno de una hermosa casona. Probamos unos platos diferentes y muy bien ejecutados. Muy destacable también la atención familiar. Creo que el obligado cambio de local les puede dar la oportunidad de funcionar en una zona que sea más hospitalaria por la noche. Buena suerte y los alentamos a que reanuden sus esfuerzos; dados sus buenos antecedentes seguramente serán recompensados..
Junio 2013
1921 Restaurant

Hubiera querido escribir un largo comentario con todas las de la ley sobre este acontecimiento. Sin embargo, nótese de entrada nomás que después de mi primera experiencia (cena para dos) no califico todavía a este restaurante. Esperaré hacerlo en el futuro cuando seguramente se corrijan defectos de recién inaugurado y se aproveche todo el potencial que tiene. La restauración del hotel me dejó con la boca abierta. Se ha recuperado un monumento histórico nacional a un nivel de lujo por lo menos en lo que hace a la parte arquitectónica de entradas, lobby, cielorrasos, escaleras, corredores, salones públicos, etc. Algunos detalles no me convencieron pero en estas páginas no se trata de arquitectura. En lo que tiene que ver con el Mil Novecientos Veintiuno (fecha data del restaurante original), su salón comedor debe ser el más opulento de nuestro medio pero no genera todavía un buen ambiente acogedor y la mayoría de lo demás que hace a un buen restaurante está aún por verse. El corto menú impresiona medianamente en la carta pero no se traduce en los platos y menos a lo que se esperaría por esos precios que escalan fácilmente entre los 50 y 100 dólares por persona. La atención también con balance deficitario por el desconocimiento de lo que debe ser el servicio de mesa a ese nivel. Nos explicaron lo que nos suponíamos sobre aperturas a la carrera, período de aprendizaje, etc. etc. Aceptamos las excusas y le damos el crédito hasta la próxima. Seguramente volveremos antes para tomar el té en la magnífica galería del hotel mirando el mar.
Junio 2013
La Trattoria

Estando en Salto un día de semana a mediodía las opciones para almorzar “en serio” son reducidas y el haber leído la vívida descripción que hace más abajo Solidario sobre La Trattoria hizo que me alentara por ir a conocer ese lugar. El edificio del Club Uruguay, aunque algo venido a menos, es verdaderamente magnífico y ya de por sí brinda un entorno distinguido e inusual que hace que La Trattoria se destaque frente al resto de bares, pizzerías, etc. del centro de esta ciudad. Al completo detalle que hace Solidario en su comentario solamente agrego la presencia en las paredes de unos murales que llaman la atención y el recurso de sentarse, cuando el restaurante está muy lleno, en un acogedor entrepiso con balustradas abiertas hacia el salón principal. Ante el bonito día, nuestra primera intención fue sentarnos en el deck en la vereda, pero la corta espera a que viniera el mozo nos convenció de refugiarnos adentro: el barullo de la calle Uruguay es verdaderamente infernal. El menú es largo pero sin mayores puntos de interés. Es, sin desmerecerlos, un bar como tantos. Para no complicar mucho, pedimos chivitos naturales al pan, ensaladas completas y jugos naturales de naranja. Prosiguió una espera larga, casi intolerable para un bar de minutas. No fue culpa de nuestro mozo, quien fue rápido y muy amable en todo momento, pero se nota que la cocina no está preparada para los momentos picos del almuerzo. Cuando llegaron los platos, la carne de los chivitos dejó que desear, las ensaladas estuvieron correctas y generosas en porción, y los jugos tan magníficos como nos tiene acostumbrados Salto. A la hora de los postres, ante una lista anticuada, preferimos cruzar la calle e irnos a tomar helados a Alfredito (para algunos los mejores helados del Uruguay; yo recomiendo el original sabor “chajá”). La cuenta estuvo en unos módicos 300 pesos por persona. Si La Caldera o La Casa de Lamas, que son lo sobresaliente de Salto, no están abiertos a mediodía, la Trattoría es de lo mejorcito del centro (aunque yo recomendaría ir mejor a El Mojarra que tiene parrilla, pastas, pizza y hasta música en vivo.)
Mayo 2013
Puerto de Mar

La Posada Don Tiburón era mi restaurante favorito en el Mercado del Puerto porque en su carta sabía combinar muy bien la tradicional parrilla con la excelente comida de mar y, sobre todo, porque me habían hecho sentir siempre como en mi casa con su servicio consistentemente sobresaliente y personalizado. Muy apenado me dejó entonces saber que los conflictos patrono-laborales habían desencadenado que su propietario tirara la toalla después de muchos años y que La Posada cerrara sus puertas. Ahora, a juzgar por su ubicación en el mismo local que ocupara Don Tiburón por tanto tiempo, y por su actitud similar (conservan ambientación y mobiliario, algo del personal, y menú de intención parecida) Puerto de Mar debería ser el heredero de la tradición establecida por su antecesor. Digo debería, porque en la realidad se queda corto. Uno esperaría que con ese nombre (Puerto DE MAR), los mariscos fueran dueños y señores. Pero de pescado tienen muy poca cosa y de otros frutos de mar, menos todavía. Por suerte, aún queda sí en el menú la famosa merluza negra. Pero que nadie se equivoque, el Puerto de Mar es una parrillada. Al llegar nos recibieron bien con una gentileza de medio y medio bien helado, pero extrañamos las picadas abrebocas de otrora. Empezamos con un buen provolone relleno de jamón y morrón y una ensalada fresca muy completa. Los lomos pedidos estuvieron también buenísimos, muy tiernos y al punto solicitado. En cambio las papas fritas llegaron muertas a la mesa, casi incomibles. La lista de postres que es una ronda por los sospechosos de siempre, tampoco tentó. Si hay algo positivo para destacar de Puerto de Mar (además de la mejor ubicación posible) y que sí parece continuar la tradición, es su excelente servicio. Fueron amables y entusiastas de la entrada a la salida, y con una atención conocedora permanente. Con una copa de vino de la casa, y sin postre en esta oportunidad, la cuenta estuvo en los 600 pesos por comensal. Relación calidad-precio aceptable pero no memorable. Para terminar, un llamado de atención a los responsables ya que encontramos los baños de arriba inaceptablemente muy descuidados y con poca luz.
Mayo 2013
Restaurante Raffi

Sin más preámbulo, empiezo mi comentario por el final y digo que -en base a nuestra experiencia de este mes y por su magnífica relación calidad precio- Restaurante Raffi se merece las 5 estrellas que les dejamos con gusto. Nos recibió como siempre un local impecable, bien iluminado y alegre música. Esperamos en la barra de piedra observando el manejo del fuego en la parrilla y luego nos ubicaron en una buena mesa en el salón principal abajo. Hacía algunos años que no iba y me llevé grata sorpresa al ver que el menú se ha enriquecido con la adición de algunas nuevas (para mí) especialidades de la comida armenia (y de Asia Menor y Medio Oriente). Aunque íbamos enfocados en pedir el lehmeyún y la tradicional Picada Armenia que nos hace probar de todo un poco, nos dejamos convencer en que podíamos armar nuestra propia “picada” combinando otros diversos platos. Entre las novedades disfrutamos de unas suntuosas fetas de bastermá, un fiambre de carne vacuna secado al aire parecido a la cecina española y nos dejamos encantar por el boerek de la casa (una masa de hojaldre al horno con relleno de queso). No menos placentero estuvo degustar las brochetas de cerdo denominada “jorobatz” o las láminas de fino pan lavash con las ampollas justas provocadas por el horno. Mi acompañante alabó mucho también la versión armenia de los canelones. La hora de los postres siempre es bien aguardada en este restaurante dada la tradición armenia por los dulces de repostería elaborada. Esta vuelta nos deleitamos con la maravilla de los crocantes fideos del kadaif y los polvorones armenios “gurebie” que dejan por todos lados la huella delatora del azúcar impalpable. Sin duda que la familia Isagoulian sabe cómo atender cordialmente y hacernos sentir en casa. Una muestra de esa hospitalidad es su política de puertas abiertas para visitar la espléndida cocina donde labora multitud de personal en condiciones sumamente aireadas y pulcras. Al recibir la cuenta y ver que habíamos gastado menos de 400 pesos por persona, reiteramos que por un entorno así y una comida como la presentada, Restaurante Raffi puede resultar una bicoca. Aunque lo visite a cada pocos años, me considero habitué.
Mayo 2013
Sabor Urbano

Sin llegar a ser un exponente de alta cocina ni mucho menos, Sabor Urbano es un verdadero paraíso para los vegetarianos de nuestra ciudad. Más precisamente, de los adictos a la variante lacto-ovo-vegetariana que agregan proteínas de espectro completo, más vitaminas y otras ventajas a su dieta sin renunciar a su auto-restricción de no comer carne animal. El local esquina no es lo que se dice “espectacular”. Uno lo ve desde fuera y no es realmente invitante. Un área semi-cerrada al frente con toldo y muebles precarios, y adentro un salón pequeño con la cocina, todo con aspecto algo (des)arreglado improvisadamente. Es la amplia variedad de posibilidades vegetarianas que ofrece su menú lo que lo hace verdaderamente atractivo. La carta se podría leer como la de cualquier bar de minutas montevideano: pizzetas, chivitos, hamburguesas, milanesas, tartas, ensaladas, etc. con la vuelta de tuerca que toda la carne es vegetal. Quizás la mayor originalidad esté aportada por los toques de cocina rusa que brindan los blinis (panqueques rellenos de mozzarella e ingredientes a elección) o los de la cocina mexicana con quesadillas y burritos (con rellenos de todo tipo). Empezamos picando una tarta de espinaca y calabaza muy buena. Luego, por novelero, probé un blini hawaiano con ananá del cual no me gusto (mea culpa) el resultado combinado del queso y la fruta caliente. Mi esposa quedó muy contenta con su ensalada de arroz integral, salvado y otras cositas demasiado sanas para mi paladar. Por su parte mi hijo se liquidó un monumental burrito al plato tapado de mayonesa, kétchup y otros condimentos. Para postres compartimos unas tartas de zanahorias y nueces que estuvieron estupendas. En el rubro bebidas fueron de destaque los licuados de frutas con jengibre y con remolacha. La atención estuvo a cargo de la señora conocida por los habitués como “La Rusa” y fue rápida y servicial. La cuenta total para 3 personas estuvo inobjetablemente en menos de 800 pesos, lo que incluyó un paquete de galletitas de avena que nos acompañó el cafecito que tomamos en otro lugar a poquitas cuadras. En conclusión, sin alcanzar a maravillar, recomendable por lo de vegetariano con sabor.
Mayo 2013
Don Ciccio

Ha disminuido mi entusiasmo por Don Ciccio, y si hubiera escrito este comentario hace un par de meses, lo hubiera fustigado duro. Pero la tercera fue la vencida, y después de insistir con tres visitas recién ahora pude volver a comer el chivito “ideal” que me había fascinado el año pasado. Cuando quise repetir, la primera vuelta encontré el pan blando y frío sin el beneficio que debe tener un pan casero recién horneado, y luego en una segunda vuelta el churrasco (que sí era enorme) estaba reseco. Recién esta última vez pude volver a degustar lo que tanto había elogiado. Por su parte la pizza Margherita la encontramos últimamente preparada sin gracia, con una masa sin el carácter que debe impartir un horno a leña bien manejado. En otras cosas, Don Ciccio sí ha tenido continuidad y nos ha complacido como siempre. Las gentilezas del abrebocas de focaccia calentita con salsa “checca” de tomate y ajo, y del lemoncello de cierre, dan gusto La ensalada Piemonte sale con mozzarella fresca de buena calidad y cualquiera de los 5 o 6 postres que hemos pedido alternativamente pueden catalogarse de magníficos. Especial mención para el zucotto (único en el Uruguay). También para destacar es lo bien que han marcado los precios en la carta de vinos, lo que permite a los clientes degustar excelentes caldos sin sentirse uno asaltado con el costo. Esta vuelta encontramos de la bodega De Lucca, un muy buen Syrah Roble que fue servido a una perfecta temperatura de 13 grados y que salió un regalo a tan solo 220 pesos. Excelente, como estamos acostumbrados, la atención de Leonardo a la que se le agregó alguna vez la colaboración de un mozo más joven y de una señorita, todos muy eficientes. Las cuentas han estado siempre alrededor de los 400 pesos por persona, así que por ese lado no hay quejas que levantar, al contrario. Pero dejamos este llamado de atención sobre la consistencia necesaria que debe asegurar Don Ciccio. Para finalizar una breve nota sobre el nombre de la placita sobre la que se sitúa Don Ciccio. Siempre la conocimos con el nombre de Bonpland, pero un buen amigo nos corrigió y nos dijo que su verdadero nombre es en realidad Plaza Azara. Vaya la aclaración.
Mayo 2013
Arepera Chevere – Sabores Venezolanos

Finalmente Montevideo tiene un lugar donde poder encontrar algunas muestras de la cocina típica venezolana. Durante mis repetidas estadías por trabajo en ese país me hice aficionado a las arepas y estaba resignado a no poder comerlas en Uruguay. Así que me puse muy contento cuando una amiga que vivió muchos años por allí (quedó con acento y todo), me llevó a conocer este nuevo sitio en el barrio La Mondiola. El nombre de la arepera (llamarlo restaurante sería mucho) predispone bien; el chévere tiene varios significados pero todos muy positivos. El local es sencillo e informal. Unas cuantas mesitas afuera en la vereda bajo sombrillas y adentro un saloncito con algunas mesas más, un mostrador con vista a la pequeña cocina y alguna decoración y música que indica la relación con la “bolivariana”. El menú se concentra en gran variedad de arepas (cambian los rellenos), el uso del plátano tanto maduro como verde, empanadas fritas con masa de harina de maíz, dos o tres platos de cocina, y poquitos postres. En nuestra primera visita nos fuimos por un platazo de pabellón criollo, compuesto por sabrosísima carne deshilachada, arroz, caraotas refritas (un tipo de porotos negros), plátano (no banana) frito y una tajada (desmoronada) de queso blanco. Por si esto fuera apoco, lo acompañamos de unas arepas peladas en lugar de pan. No lo pudimos terminar. Mi hijo que había comido tequeños (a él le parecieron como arrolladitos primavera pero de queso) no pudo terminar tampoco una arepa peluda con carne. Mi esposa tuvo dificultades para mantener su dieta, con muy poquita opción de bajas calorías. Para postre probamos las tres leches que estaba rica pero que alguno argumentará que no es realmente venezolana. Es destacable también la oferta de tragos (con ron venezolano como base principal) y de jugos de frutas que en Uruguay no acostumbramos tanto (tamarindo, guanábana, parchita). La única queja que puedo esbozar es que no sirvan cachapas que son mi bocado venezolano favorito. Quizás los responsables lean esto y me complazcan la próxima vez. Entiendo que ya las preparan por encargo. El servicio fue muy rápido y la cuenta final no sobrepasó los 300 pesos por persona.
Abril 2013
CasaMora

Parece que los montevideanos no salen a tomar el té los domingos de tarde. De una larga lista de salones que aparecen en la práctica búsqueda que se puede hacer en Saliracomer, solamente un puñadito permanece abierto ese día. CasaMora es uno de ellos y lo elegimos entonces para llevar a mis primas “mayores” adictas al “five o´clock”. Nos instalamos a nuestras anchas en el salón principal, donde un montón de muebles de apariencia muy dura se enternecen sin embargo con la presencia de almohadones artesanales. Nada tímidos, todos elegimos los completos “Me Gusta Todo” que vienen presentados en una torre de bandejas, cada una con abundantes vituallas como para compartir entre dos. Una pequeña sorpresa mezclada con desilusión nos llevamos cuando la “selección” de tés que se podían elegir se restringía a solamente uno, el CasaMora, el cuál para nuestro gusto es sumamente ahumado y astringente. Después de solicitar, aparecieron otras dos opciones, pero ambas de té verde. Esto es imperdonable en una casa que se dice especializada en tés y merecerían una estrella menos. Como para compensar, toda la comida estuvo excelente. Para comenzar medialunas perfectas y sándwiches de relleno fuera de lo común en pan ciabatta y de nuez. Ricos también los mini-escones con buena mermelada de arándanos. Amplia variedad de dulces donde se destacaban la pasta frola y los cuadrados de limón, y como coronación, unas magníficas tortas imposibles de terminar, especialmente la Rogel y la excelentísima de frutas secas Tuvimos atención permanente de la señorita a cargo, quien nos estuvo reponiendo las teteras continuamente y soportando nuestros caprichos. Como siempre, da gusto disfrutar de la vajilla inglesa y alemana que presenta CasaMora en las mesas. Esta vuelta también noté el uso de unas buenas servilletas. La cuenta estuvo muy razonable en los 250 pesos por persona. Justo terminamos nuestra reunión cuando estaba llegando un grupo grande y barullento de despedida de soltera. A la salida, en nuestro pasaje por el lindo “gift shop” ratificamos que realmente casi no queda té a la venta en CasaMora y lo que se vende allí son mayormente regalitos (¿qué estará pasando?).
Abril 2013
La Casa de Lamas

Creo que a esta altura nadie duda que la Casa de Lamas es el mejor restaurante de Salto. Lo reservamos para la cena más importante en nuestro turismo por esa ciudad a sabiendas de que íbamos a quedar muy bien con mis invitados. El local ya de por sí impresiona regio por donde se lo mire. Ubicación privilegiada frente a la plaza y al río Uruguay en una zona increíblemente tranquila. Sus anchísimas paredes de piedra son realmente acogedoras, y esta vuelta notamos además algunas mejoras tales como los nuevos pisos, el área de mesas en la vereda bajo grandes sombrillas y una linda decoración temática (peras) con arte vario en las paredes. Tuvimos recepción impecable a cargo de la distinguida responsable (creemos que propietaria) y una atención de verdaderos caballeros por parte del único mozo (que sea único plantea algún problema cuando se empieza a llenar de gente). También encontramos un menú modernizado, más a tono al siglo XXI. De entrada todos coincidimos en celebrar con ensaladas, muy originales y apetitosas. Entre las de más destaque menciono la Salteña, con naranjas, cebolla y berro, y la Agridulce con duraznos y manzanas. Los principales más gustados fueron unos deliciosos panzotis con salsa de salvia, unos magníficos fetuccini con salsas de verduras frescas, y en el caso de los niños, salmones grillados con las papas noisette más ricas del país. También de destaque es la buenísima carta de vinos donde se premian las bodegas de Salto y donde sorprenden muy gratamente precios ubicados en el rango de los 200 pesos. Nosotros fuimos por el afrutado torrontés de Pisano, que no se encuentra mucho por ahí. Estupendas también las jarras de jugo de naranjas locales que corrió como agua. Los postres siguen siendo los clásicos. La mejor opción para compartir con alegría en la mesa fueron los enormes panqueques de manzana con helado. La cuenta se mantuvo en niveles muy amables sin sobrepasar los 500 pesos por persona. Una ganga realmente y hubiera sido más barato de no ser por los salmones (380 pesos c/u). La única queja está en que no trabajan con tarjetas de crédito, lo que no condice con la categoría del lugar. En resumen: lo de la primera línea más arriba.
Abril 2013
La Posta del Dayman

En el desorden de hotelitos y restaurantes en las inmediaciones de las Termas del Daymán, La Posta es un lugar que se destaca por su ambiente agradable y su confiabilidad en lo gastronómico. Por eso, y también como excusa para refugiarnos de la lluvia que nos sorprendió en Aquamanía, lo elegimos cuando se hizo la hora del almuerzo. Tuvimos una muy buena recepción a cargo de Antonella, quien también hizo las veces de nuestra moza y nos brindó una atención excepcional. No nos pudimos ubicar, como queríamos, en el muy acogedor salón con paredes y pisos de piedra. Pero sí lo hicimos en la sala pegada al hotel, con mesas vestidas de manteles y toda la energía que aportaban al comedor dos grandes grupos de turistas argentinos. Una pequeña desilusión nos llevamos cuando nos dijeron que a mediodía no había parrilla, que era justamente lo que teníamos en mente. Un domingo a mediodía y no tenían parrilla; vaya usted a saber la estrategia comercial detrás de eso. El menú ofrecido pareció muy limitado y con platos a la usanza uruguaya de los años ochenta. Pero la ejecución de todo lo probado resultó perfecta y esa fue la recompensa. En mi caso me hice una panzada con una extraordinaria lengua a la vinagreta, que pese a ser una entrada, dio bien para compartir entre tres. Estupenda también resultó la milanesa de pollo, finita y crocante como fue pedida. Mi hijo se relamió con su pollito grillé, sin piel y sin huesos, y mi esposa se dedicó a una interminable y excelente ensalada “La Posta”. Tradicional en Salto es su jugo de naranja y las jarras de medio litro del recién exprimido estuvieron divinas y a tan solo 40 pesos cada una (más barato que los refrescos). No fueron menos los postres: un chajá casero que rivalizó al mejor que pudiera producirse en Paysandú y un manjar del cielo artesanal que también hubo que compartir por lo denso y gigante. La cuenta fue muy amable al bolsillo, con un gasto por comensal -sin vino- de menos de 350 pesos. Deberían respetar el anuncio que se hace en las paredes sobre aceptación de tarjetas de crédito (no las aceptaban) y cuidar el estado de los baños. Con todo, sin duda de lo más recomendable en la entrada de estas termas.
Abril 2013
Los Fontanes

Una suerte que por casualidad haya vuelto a Los Fontanes y pueda cambiar significativamente la opinión que me había formado sobre ese lugar y subirles la calificación. Teníamos la intención de tomar el té en Dulces Tentaciones, pero estaban hasta los topes, así que caminamos la cuadra hasta Benito Blanco y sí encontramos sitio para 4 en Los Fontanes. Como dejé registrado, en mi visita anterior habíamos sido muy mal atendidos, y ni siquiera nos habían ofrecido un menú impreso. Lo que entonces habíamos creído que eran escuálidos tés completos, esta vuelta nos dimos cuenta que no eran sino simplemente tés con masitas elegidas (justo es decir que por el precio nos percatamos ahora también que no nos los habían cobrado como completos tampoco). Hablando con los responsables surgieron las razones del cambio de actitud y el buen servicio recibido esta vez. Según nos explicaron, hubo un cambio de firma. Aunque el nombre siempre fue el mismo desde que abrieron en Pocitos, en realidad Los Fontanes era una franquicia otorgada y el manejo de ese local no estaba a cargo de los propietarios originales de Malvín. Ahora éstos han rescatado la gestión de la confitería y, en mi opinión, han salvado el nombre de un desprestigio peligroso. Esta vuelta los completos sí lo fueron y trajeron lo esperado: sándwiches calientes, medialunas rellenas, tostadas con mermelada, masitas y tortas. Todo muy bueno. Quiero destacar especialmente que, aunque no hay realmente variedad en el té ofrecido, el premium que trabaja Los Fontanes es un excelente Ceylán (de marca Dilmah) que hace una diferencia con otros salones de té de nuestro medio. No puedo dejar de mencionar la divina atención que nos brindó nuestra moza (de quien lamentablemente no me quedó grabado el nombre, pero sí la imagen de su delicado tatuaje en la nuca). Cada té completo salió 380 pesos, pero evidentemente que están para ser compartidos entre dos. En la mesa también probamos unos deliciosos olímpicos en su versión de pan negro, los que recomendamos. Por último, quiero comentar el hecho percibido de que muchos antiguos habitués de la Conaprole, se han mudado unas cuadras y ahora arman campamento en esta nueva esquina.
Abril 2013
Vecchia Fabbrica

Con seguridad que a muchos lectores de esta página les habrá sucedido, cuando están de visita en mecas turísticas en el exterior, que al pasar por la puerta de restaurantes son aproximados por alguien de la casa contando las maravillas del lugar e invitándolos a pasar. A mí nunca me había acontecido en Montevideo, hasta que debuté con La Vecchia Fabrica. Al estacionar para irme a tomar un cafecito en la confitería de la esquina fui abordado por un simpático caballero con acento italiano que nos anunció que estaban abiertos, que tenían muchas delicias y me entregó una tarjeta. Pues la propaganda funcionó, porque esa misma noche caímos a cenar. El local, sitio anterior de un lavadero, no dice mucho. Unas mesas muy expuestas en la vereda (sin deck), poquito lugar abajo en el salón comercial de lo que parecería una fábrica de pastas, y un bien puesto entrepiso más cómodo arriba donde finalmente nos ubicamos. El menú es corto, anclado en el fuerte de las pastas caseras, pero con platos que anuncian cierta sofisticación. Fue así que pude degustar un muy buen carpaccio de corvina y unos ñoquis rellenos de ricota con salsa cremosa que salieron muy ricos. Mi esposa tuvo una entrada de capresse a la panna con tomates sabrosísimos y en su onda dietética, encontró como plato principal una ensalada Paulino que la satisfizo mucho. Mi hijo sin problemas se bajó un platazo de spaghetti aglio olio para chuparse los dedos (los de él si llegan a la pasta). Me gustó que la carta de vinos tuviera precios amables. Nosotros elegimos el espumante brut de Don Pascual a 300 pesos la botella. El servicio fue eficiente en tiempos y sin errores, pero dejó que desear en cuanto a amabilidad e información. A nosotros nos tocó Mayca, quien seguramente estaba ese día preocupada y con el pensamiento en otro lugar (además el local tiene la desventaja que mostrador y cocina son abajo y el espacio más grande para comensales arriba de una larga escalera). La cuenta (sin postre esa noche) estuvo razonable en menos de 700 pesos por persona. En resumen, una primera experiencia que da como para volver, especialmente en busca de alguna de las pastas artesanales que se ven en los escaparates.
Abril 2013
Delapanza

Por los últimos 6 años seguidos le he sido fiel a La Pedrera y, en cada temporada, la he usado como base para la mitad de mis vacaciones veraniegas. Entre las cosas que encuentro atractivo del balneario está su amplia gama de opciones para salir a cenar, con una docena y media de establecimientos ubicados en un radio de 3 o 4 (oscuras) cuadras, que van desde sencillas pizzerías hasta restaurantes con cocina de autor. A raíz de las experiencias de este año, considero que Delapanza es el que está pasando por el mejor momento. Ubicado en una cabaña con techo alto sobre la Calle Principal, tiene un buen local de los que no abundan por allí. Su salón central es de iluminación acogedora, mucha madera y amplias mesas ubicadas en forma espaciada y recibe con muy buena música. Hay otras opciones para ubicarse como el jardincito de entrada y un patio al fondo algo desprolijo, pero da gusto ubicarse adentro con aire acondicionado y vista a la cocina. Las recomendaciones del día, se anuncian en pizarras a lo largo de la pared. Ya hemos probado una larga lista de delicias. La especialidad de la casa son las focaccias, que salen horneadas al momento, crocantes por fuera y esponjosas por dentro. Mi preferida ha sido la Cuatro Quesos. Entre otras exquisiteces que me deleitaron -ya de cocina más elaborada- puedo destacar como muestra dos: los Tagliatelle Nere en tinta de calamar, y los rollos de berenjenas. Para mi hijo, su deleite ha estado en las pizzas con bondiola y en la mozzarella con aceitunas. Para mi esposa, su encanto ha estado en las frescas ensaladas para mantener la línea playera. Pero mucho más allá de los platos, lo que hace al lugar, es la atención personalizada de sus responsables con buena voluntad para asegurar la satisfacción de los clientes y transformarlos en amigos. Así siempre Marco nos sirvió de anfitrión y guía, y desde el otro lado del mostrador, Zelmira nos hizo todos los gustos. Delapanza no es lo que se dice barato. La cuenta siempre se mantuvo en el tono de los 800 pesos por persona con vino por copa. Una botella (poca selección) puede llegar a descarrilar la adición. Le damos 4 estrellas sólidas y lo recomendamos de corazón a todo el mundo.
Abril 2013
El Chancho y la Coneja

Justo a la entrada de La Barra, una vez que se cruza los puentes y uno empieza a dar la curva hacia la derecha, casi al borde de la ruta 10, se encuentra este pequeño paraíso. Un restaurante chiquito metido discretamente entre los árboles como protegiendo al visitante contra el ruido y tráfico imbancable que se vive nomás a unos pocos metros. La bienvenida la da un portal en arcada con un muy simpático cartel de madera labrada con la coneja y el chancho del nombre. El lugar que me pareció más lindo para ubicarse, aprovechando el mediodía soleado de un día de temperatura ideal, fue el deck sobre el jardín de entrada con mucha sombra y la brisa justa. Uno de las razones porque fuimos a conocer este lugar era su fama de ofrecer cocina saludable con mucho ingrediente orgánico y natural e integral, y con uso prolífico del horno a leña. Y el corto menú así lo muestra. Pizzas y tacos con masa integral. Varios platos vegetarianos. Pastas caseras. Y también una lista de pequeños bocados como quiches, empanadas, o ensaladas. También, para aquellos de apetitos feroces, aparecen algunos platos de carne a la rioplatense como el ojo de bife con papas y boniatos. En nuestra primera aventura, probamos una pizza “multicereal” de cebolla caramelizada. Estaba rica aunque a Piadoso le gusta su pizza más durita y crocante. También pudimos degustar unos suculentos taquitos -de pollo y de carne- servidos en tortilla gruesa que más bien era un pan finito. Los temporalmente vegetarianos de la partida eligieron un milanesa de carne de soja con queso y tomate, y una humeante lasagna de vegetales de muy buen aspecto. Para postres, el pastel de manzana con helado satisfizo a los dulceros y los demás se quedaron con las galletitas. El vino de la casa se dejó tomar amablemente y se hizo más original al ser servido en una jarrita en forma de pingüino. Un gusto el conocer de pasada al ama de cocina Karina (¿la coneja?) y al amo de casa Horacio (¿el chancho?). La cuenta estuvo por debajo de los precios que veníamos experimentando en La Barra, con un costo por persona de menos de 600 pesos. Un sitio lindo con opciones interesantes y bien atendido que se recomienda sin dificultad.
Marzo 2013
Umani Cocina

La misma persona que tuvo la gentileza de invitarme a conocer la originalidad de Umani me acaba de avisar que este restaurante cerró definitivamente sus puertas la semana pasada. Una lástima sobretodo porque era un sitio realmente distinto. Bueno, es otro ejemplo de que no hay con qué darle a los montevideanos y es difícil hacerles entrar algo que salga fuera de lo común . Es cierto que Umani siempre podría haber hecho un poco mejor las cosas, pero al precio que manejaban tampoco se puede pedir demasiado. Les deseo a los amigos indirectos, Rafa y Santiago, la mejor de las suertes y los aliento para que emprendan nuevas iniciativas. Hasta pronto.
Marzo 2013
Lajau

Unas temporadas atrás tuve una buena experiencia visitando Lajau. Por mi parte había disfrutado con dos amigos de un rico tapeo informal en un ambiente muy agradable mientras mi hijo con los de su edad se divertía en la canchita de mini-golf del jardín a la entrada. Al volver este verano encontramos la casa cerrada y sin el mini-golf a la vista, y nos dio lástima. Pero La Pedrera es chica y la gente se conoce. Bastó hacer unas preguntas en la farmacia de la esquina para descubrir que se habían mudado, corriéndose más hacia la costa para el lado del Desplayado. El “nuevo” local es una pequeña casa esquina con una terracita al frente desde la que se puede ver al mar una cuadra más abajo. Adentro la casita tiene diversos rinconcitos atractivos, más aptos como para cenar románticamente en pareja que para caer en patota familiar. Por suerte también ofrecen mesas en un muy acogedor patio interior con las infaltables hortensias que se repiten de la ubicación anterior. La decoración de la casa es de buen gusto, en base a objetos antiguos y de arte. La cocina presenta un menú bien cortito pero más sofisticado del que recordábamos de antes. Entre los destaques recomendables están las croquetas de cangrejo (el conocido sirí de las lagunas de Rocha) y una versión de la fideua, una paella de frutos de mar originada en la zona de Valencia, España en la cual se sustituye el arroz por pequeños fideítos que absorben deliciosamente los sabores de los mariscos y la salsa allioli. Ojalá que la noche que les toque en suerte, sea uno de los platos ofrecidos. Entre los poquitos postres para elegir, la especialidad de la casa que no defraudará a nadie es la natilla española (o siempre se pueden caminar las dos cuadras hasta Popi). La atención es muy cordial y no podía ser más personalizada. Parece que la mudanza hacia más cerca de la costa trajo consigo precios sustancialmente más altos que los que nos acordábamos y que esperábamos. Habíamos comido hace un par de años por unos 300 pesos por persona; ahora la cuenta estuve en algo más de 500 por comensal. Aun así, sigue valiendo la pena. Se recomienda también traer linterna para iluminar el camino de vuelta a la casa.
Marzo 2013
Sí, querida

Tengo un par de amigas que son mis informantes confiables en cuanta novedad surge en el medio en materia de restaurantes. Nunca fallan. Su recomendación más insistida este año era la de ir sin falta a conocer Sí, Querida. Al principio uno podría desconfiar un poco dada su ubicación, la falta de carteles y la pinta del local por afuera. El barrio por el Hospital de Maldonado no es ciertamente de lo más lindo de la zona de Punta del Este y el restaurante está en un galpón garaje de una casa de familia. Reconforta ver que hay muchos coches en la puerta y cola de gente esperando mesa (no hacen reservas pero avisan al celular cuando es el turno). Luego, basta poner un pie adentro para notar algo distinto que elimina toda aprehensión. Un comedor chiquitito con vista a la cocina con horno a leña, poquitas mesas, decoración cambalachera colgada del techo que es de chapa, iluminación en penumbras, música de buen gusto, todo con mucho encanto y hasta romanticismo. El emprendimiento es responsabilidad de un matrimonio integrado por el chef Santiago Marrero, y su encantadora esposa Natalia. Su presencia al frente de todo asegura una buena atención. El menú es mínimo. No obstante encontramos buenas y originales opciones. Entre las cosas que cautivaron puedo mencionar una mini tarta de mariscos muy rica, unas sabrosas empanadas de cordero, unos arrolladitos de langostinos envueltos en jamón de linda presentación, unos excelentes ñoquis verdes, y un plato de jabalí tierno y jugoso como pocos. Entre los postres las estrellas fueron el panqueque de manzana y una versión novedosa de la conocida torta Rogel. El servicio de las mozas fue muy competente. Hay sin embargo algunos aspectos a mejorar: la pobre selección de vinos debe ser elevada para hacer juego con los platos, la ventilación del comedor debe ser acondicionada de manera más eficiente, y el tema de las tarjetas de crédito, donde seguimos como en 1960. Otro punto positivo a destacar de Si Querida son sus precios módicos que hacen sentir muy bien. La cuenta no llegó a los 600 pesos por persona incluyendo el vino, lo que no es común en estos días por cocina de calidad.
Marzo 2013
Rex
Sandwich Bar


Rex es uno de esos lugares que con el paso del tiempo me ha ido “ganando”. Al principio le desconfiaba, quizás por su apariencia de poco auténtico y contrastante con el resto de La Barra tratando de evocar un diner (una sola “n”) de los 50´s en EEUU. Veranear por esos lados y meterse en Rex no me parecía a priori una buena idea. Pero después de algunas visitas, inevitablemente cediendo ante la insistencia de mi hijo de 10 años, sus primos y amigos (generalmente yo quiero ir al café Flor que está pegado) no me parece malo. Incluso ahora veo que no desentona tanto con el cambalache que se ha convertido la ruta 10. El local está bien puesto y en distintas áreas agradables para sentarse. Terraza abierta al frente y al barullo de la calle y desfile de gente, en el medio el salón principal con algunas mesas y los sillones de cuero rojo formando reservados, y otra terraza semi-cerrrada más tranquila al fondo con vista al mar y al desnivel de La Barra. La decoración es la “rock and roll” típica con metal, colores fuertes, decoración de fotos y objetos variados. El menú mezcla la comida rápida americana (hamburguesas, waffles, milk shakes ) con la clásica uruguaya en ese ramo (chivitos, milanesas, aros de calamar). Entre las cosas que hemos probado y que han gustado (o por lo menos conformado) están los panchos completos con panceta y queso, y el sándwich sellado de queso y tomate. Pese a que su propaganda dice que tienen los mejores chivitos del área, yo no coincido. Ni el pan ni la carne son de primera. Es de destacar que a pesar del servicio de comida rápida, también ofrecen a muy buen precio los vinos de la bodega argentina Doña Paula. El servicio cumple: las chicas y los chicos que atienden son bastantes piolas y hacen lo que pueden ya que generalmente están desbordados por la cantidad de gente. La cuenta para una combinación de chivitos, panchos, milanesas y licuados ha estado siempre por menos de los 500 pesos por persona (muy en cuenta para La Barra). Si a uno no le importa sentirse como 30 años mayor que el promedio de edad de las otras mesas, es recomendable hacer una parada, máximo teniendo en cuenta que están abiertos prácticamente a toda hora.
Marzo 2013
Las Vertientes

Hace muchos años, el esposo de una amiga nos invitó a escaparnos de Punta del Este, nos subió en su camioneta y luego de andar por algunos caminos, desembocamos en Las Vertientes justo a la hora del té. Fue un muy agradable descubrimiento y así lo dejé registrado en las páginas de Saliracomer. Después de tanto tiempo, este verano decidimos revivir la experiencia y al llegar casi no reconocemos el lugar. Lo que por aquel entonces era una casa de campo que simplemente ofrecía un lindo servicio de té, ahora se ha convertido en todo un complejo turístico que incluye una posada aledaña con habitaciones de lujo, piscina, spa con tratamientos y masajes, salones de fiesta, restaurante, cavas de piedra y ladrillo, espacios para conferencias o actuaciones, galería de arte, actividades rurales, caminería entre bosques, palmares, lagunas y jardines y hasta …un helipuerto. El té de la tarde sigue siendo, en mi entender, lo más atractivo o por lo menos lo más fácilmente accesible y disfrutable para una visita corta. El salón climatizado donde se produce el ritual tiene amplios ventanales con una vista inmejorable de las ondulaciones del terreno. Mesas elegantes, vestidas de buena mantelería y extraordinaria vajilla, y sillas y sillones cómodos invitan a pasar un buen rato. El servicio de té se presenta en estilo buffet con un sinnúmero de cosas ricas para probar y repetir. Entre lo que más gustó –aparte de las primorosas teteras - destacamos las tostadas de pan casero con selección de mermeladas, unos mini cupcakes adictivos, tortas de ricota y de manzana, y una excelente variedad de tés de mezclas originales. La atención, discreta y profesional, hace juego con la categoría del lugar. Esta vuelta no me tocó pagar a mí así que sobre la ecuación calidad-precio, solamente me expreso sobre el primer factor, el que fue excelente desde todo punto de vista. A la ceremonia del té, es recomendable agregar una breve recorrida por el predio de Las Vertientes, lo que completa una muy linda tarde de paseo. También se sugiere, para evitar una desilusión (y por si uno quisiera, vaya usted a saber, usar el helipuerto), hacer reservas antes de largarse hasta allí.
Marzo 2013
El Hornito

Hay veces cuando la buena actitud de los responsables de un restaurante hacen que la experiencia sea de 5 estrellas más allá de las consideraciones puramente gastronómicas. En este caso quiero dejar un comentario "brillante" para los muchachos de El Hornito. Decidimos visitarlos, eligiéndolos entre muchísimas opciones, basados en la simpática propaganda radial que venían desplegando por los balnearios de Rocha y que nos había quedado resonando en la cabeza. Esa noche éramos 14, un número no fácil de acomodar y máxime al caer sin reserva. Con mucha paciencia, muy hábilmente se la rebuscaron para armarnos dos mesas, una para 6 adultos y otra a buena distancia, para los 8 menores de edad que de esa manera se sintieron más dueños de su destino. También tuvieron la buena disposición de despachar a un joven a un supermercado cercano para buscar botellas de a litro de los refrescos especiales que querían los "niños". Asimismo mostraron excelente voluntad para preparar unas ensaladas fuera de menú para las chicas de la partida. Los metros de muzzarella que desfilaron por la mesas estuvieron más que aceptables. Al final, nos dio algo de vergüenza haber molestado tanto para gastar menos de 150 pesos por persona (revisamos la cuenta porque, acostumbrados a los precios de este verano no podíamos creer que la cuenta fuera nada más que eso). Muy contentos de como la habíamos pasado y cómo nos habían tratado, nos fuimos todos caminando felices a terminar la noche en Popi. Vaya un reconocimiento para El Hornito, por lo bien que se portaron.
Marzo 2013
Don Quijote

Piriápolis es sin dudas un balneario geográficamente atractivo y con una especial apelación para aquellos que buscan ambiente familiar y conservador. Consecuentemente, desde el ángulo gastronómico, supeditado al tipo de turismo que lo frecuenta, siempre ha estado algo atrasado y es verdaderamente difícil encontrar allí un sitio para comer que se destaque. Después de muchas visitas anuales y decepciones (la mayoría) probando a diestra y siniestra, concluimos que el mejor lugar para pescados y mariscos es Don Quijote. Sus características lo convierten quizás en el único restaurante de ese balnearo al que vale la pena tenerlo en cuenta como destino de un almuerzo. Para empezar, su local sobre la rambla es muy agradable, con varias opciones (vereda, entrada semi-abierta, elegantoso salón principal) y una vista privilegiada al mar, playa y puertito de yates. Para seguir, y de manera fundamental, Don Quijote es al momento el restaurante donde se puede todavía disfrutar de un clásico de siempre. Nos referimos a Don Carlos Iglesias, un gran aventurero de la cocina, quien sigue preparando –a la vista del público- sus espectaculares paellas. Un verdadero placer verlo en acción y recordar con él viejas anécdotas. En la mesa gustamos de una abundantísima porción de la paella antes mencionada con un arroz a punto embebido en los sabores de gran cantidad de mariscos. Muy buena también la cazuela de calamares y mejillones (que puede fácilmente alimentar a dos personas) y entre los pescados le embocamos con la recomendación de la brótola a la plancha, con bifes algo finitos pero frescos y bien preparados. El calor invitó a tomarnos una jarra de clericó, la que coincidimos estuvo algo tímida en su impacto. La atención a cargo de los mozos es sobria y profesional, con el detrimento de que solamente tienen dos personas para más de 30 mesas, por lo que agradecimos que el local no se llenara. Eso sí, vimos mucha gente que viene a buscarse su paella, algunos inclusos con sus propias ollitas. La cuenta, sin pedir postre ante el plan de pasar luego por Popi, estuvo en los 450 pesos por comensal. Realmente muy económico para los precios de la costa uruguaya este verano.
Marzo 2013
Bonafide Expresso

Al escribir el comentario sobre el Bonafide de 21 de Setiembre me asalta la duda de en qué esquina está realmente ubicado el local. La información de Saliracomer dice Berro. En mi imagen mental, yo lo ubico en la esquina sureste de 21 y Tomás Diago. Dejo en manos de Saliracomer corregir el dato en la página o corregirme a mí si así corresponde. Cualquiera sea la esquina, igual debo decir que el local está precioso. Desarrollado en la planta principal de una de esas casas de familia de piedra y tejas de Punta Carretas. No pude verificar en su fachada si es obra de Bello y Reboratti y por eso me sospecho que podría ser de algún otro arquitecto. Quizás alguien pueda saber más. Al café se entra por un jardín con verjas y trepando un larga escalera que produce la sensación de estar de visita en casa de amigos y no en un espacio comercial. Una vez franqueada la seguridad de la puerta, adentro todo el ambiente es sumamente acogedor. Adelante una coqueta salita con mesas y sillas, más atrás una luminosa área tipo living con aire acondicionado, sillones de cuero rojo, grandes espejos y brillantes pisos de parquet, y atrás de todo una terraza abierta que da la impresión de estar en un jardín privado en elevación. El ambiente es sumamente tranquilo, quizás un poco demasiado ya que los pasos retumban y el hablar en tono normal de voz hace que no hayan discreciones posibles. Un poco de música funcional o alfombras pudieran encargarse de corregir esto. La lista de ofrecimientos de Bonafide es limitada y sin sorpresas. Tomar un té de la tarde allí pone de manifiesto una contradicción entre el bonito entorno que estaría anunciando algo fuera de lo común y lo escueto que en definitiva se obtiene. Uno esperaría más. El servicio, el día de nuestra visita, estuvo a cargo de la única empleada presente en el local. La atención fue muy correcta en recepción y cordialidad, y suerte que estábamos sin apuro, porque también fue lenta de verdad, más teniendo en cuenta que el café se encontraba casi vacío. Té para dos, con unos alfajores, hizo una cuenta de menos de 400 pesos. Recomiendo especialmente para un calmado encuentro, cortado de por medio, en un entorno muy agradable.
Febrero 2013
La Cueva del Sapo

Ante el casi récord de comentarios posteados sobre La Cueva del Sapo teníamos que ir a conocerlo. Hicimos un pequeño periplo por ruta 10 entrando por Solis y saliendo por Piriápolis, y más o menos a mitad de camino encontramos este pequeño restaurante ubicado mismo al borde sobre la calle principal del pintoresco pueblito de Las Flores. La casa no dice mucho de afuera. Una pared con revoque violeta y unos cartelitos de propaganda. Una vez adentro, el entorno se vuelve más acogedor. No tanto en la simple salita principal donde la atracción es solamente el aire acondicionado, sino sobre todo en el patio aledaño, semicerrado con techo de troncos y cañas, surtido de sillas de jardín y mesitas arregladas con manteles que dan la bienvenida. Grupos familiares comiendo y conversando generan un ambiente cálido y bien informal que invitaron a quedarse. Al charlar con los responsables del emprendimiento nos llevamos la sorpresa de que el nombre no hace referencia a ningún batracio lugareño sino al apellido Saporiti de Daniel, su propietario, en quien notamos amor por lo que hace. La cocina ofrecida es simple y honesta. Chivitos, milanesas, frituras, pesca del día a la plancha, pastas caseras donde se destaca una profusa selección de ravioles de rellenos originales, y postres amables que reconfortan. Probamos un lenguado generoso que vino empanado de más pero que estaba muy rico, unos buenos ravioles con la salsa cremosa de la casa, una ensalada servida en fuente chata, un contundente panqueque de manzana con helado y los siempre aceptados “massini”. Las bebidas son de a litro. Los precios de los vinos muy en cuenta. Las servilletas las mínimas de papel (hay que pedir las más grandes y aparecen). La atención de las chicas muy servicial y rápida. Y aunque no lo pudimos disfrutar por la hora, tienen también música en vivo para alegrar más la velada. La cuenta para 3 personas no llegó a los 1600 pesos. Nadie podrá confundir este sencillo lugar con un polo de cocina gourmet o ambiente de jet-set pero nosotros la pasamos muy bien y, a ese precio teniendo en cuenta la relación con la calidad (y los simpáticos sapitos que adornan por todos lados), se ganan las 4 estrellas.
Febrero 2013
Azzurro

Hacía 6 años (contados por mi último comentario registrado en estas páginas) que no iba a tomar el té al salón Azzurro del hotel Cala di Volpe. Pude notar ahora que las cosas han cambiado para bien. Tanto más buena fue esta mi última experiencia comparada con la anterior que de inmediato lo catalogo como uno de los mejores lugares para el té de la tarde. No es que mi recuerdo de hace años fuera malo, pero en aquella ocasión nada me había impresionado como gran cosa. Esta vuelta encontré el luminoso salón impecablemente arreglado con mesas atractivas, sillas tapizadas muy cómodas bouquets florales y muchos detalles acogedores. A nuestra llegada nos hicieron sentir bienvenidos y tuvieron gran amabilidad de ubicarnos pese a nuestra imprevisión de no hacer reservas, complaciéndonos con un sitio inmejorable para disfrutar la vista a la rambla. El magnífico aire acondicionado nos aliviaba del calor infernal de afuera. En la parte central de la sala han dispuesto una mesada tipo isla con varios niveles tapados de cosas ricas. Del lado de la factura ofrecida destaco en lo salado la variedad de quesos, fiambres, pancitos, medialunas y tartas. En lo dulce, gran surtido de mermeladas, escones, mantecados, masitas de varios tipos y por lo menos 7 tortas distintas que iban reponiendo a medida que desaparecían. Entre las tortas nos gustaron mucho un liviano lemon pie, el delicioso strudel de manzana y la clásica pasta frola. Me pareció muy agradable el sistema dispuesto que alterna la modalidad de buffet de auto-servicio con el de los mozos (bien presentables en uniforme elegante) que también atienden a la mesa trayendo el té, cafecitos, los jugos, sándwiches calientes recién preparados, y los caprichos de turno. El precio para el té completo es de casi 400 pesos por persona (dado el sistema buffet no hay aquello de té para compartir de a dos) lo que lo ubica como uno de los más caros –si no el más caro- de Montevideo. Pese a ello, creo que la combinación de entorno, servicio y buffet hacen que, a ese precio, Azzurro valga igualmente la pena para un té en alguna ocasión especial.
Febrero 2013
Rincón Vienés by Andrea Celsi

Gran desilusión se llevó Piadoso al llegar a este lugar. Quizás su nombre me había hecho visualizar otra cosa y me había imaginado un viejo café de estilo europeo con toda la magia que esos lugares encierran. Pero esto, de Rincón Vienés tiene muy poca cosa, quizás solamente el respaldo de alguna silla, el viselado de los cristales y las servilletas impresas con lindo logo. A decir verdad, el local es un garage mínimo sin ventanas (han puesto vidrios en las puertas plegadizas del garage para que entre luz) en el que instalaron unas mesitas y un mostradorcito con estantes de madera en un costado. Para colmo y afear la visita, cuando fui, en la mesa en la vereda estaban sentados dos señores en shorts y romanitas que sin consumir nada transpiraban el calor y que daban más aspecto de vecinos en la puerta del zaguán que de caballeros austríacos. Me contaron que la repostera hace cosas ricas pero lo que se mostraba en ese momento el local bajo las campanas de cristal era muy escaso. Compré un brownie que estaba correcto y me lo fui comiendo de camino al auto ya que nada me alentó a quedarme ahí adentro. Le pongo 3 estrellas para no desmerecer el esfuerzo pero lo cierto es que esperaba algo más por el nombre distinguido Quizás se debería llamar algo así como "El Garage de Andrea".
Febrero 2013
Umi Sushi & Cuisine

Enfrentado a elegir un lindo restaurante por la zona de Carrasco para agasajar con una cena a dos queridas primas, entre muchas opciones, me decidí por UMI basado en mis experiencias anteriores. Reservé “on line” con respuesta de confirmación casi inmediata. Estacionamos cómodamente en la puerta y tuvimos buena recepción al entrar y nos permitieron elegir nuestra mesa. No bien nos ubicamos nos agasajaron con copas de champagne, vegetales marinados, chutney, paté y una panera distinguida. El menú, pocos platos más la lista del sushi, era el que conocíamos. Empezamos con unas buenas ensaladas con jamón crudo (en las que solamente desentonaba la calidad mejorable del parmesano fresco que agregan en lascas) y un estupendo sashimi de salmón, cortado algo grueso, pero abundante y muy bien presentado. Seguimos con los fettucini negros con sepias, pasta fresca cortada a mano, cocinada “al dente” y con salsa de mariscos generosa. Buenísimos también los sorrentinos rellenos con manteca, salvia y limón y los gigantescos ceviches servidos en porción de plato principal. Ante una carta de vinos donde tanto los buenos como los regulares tienen precios que hacen pensar, nos fuimos por el Chandon brut argentino que al final resulta lo más “conveniente” a S650 la botella. No tuvimos lugar para el postre, máximo teniendo en cuenta que mi hijo había “cantado” que quería ir a comerse un helado de avellanas a Las Delicias. El servicio funcionó como un relojito: en nuestro caso 2 chicas y un chico que atendieron permanentemente la mesa colaborando mucho entre ellos. Algunos tirones de oreja: malísimo el aire acondicionado con solo 2 unidades pequeñas para todo un salón de vidrio y madera sin aislamiento. Terminaron abriendo las ventanas ante el sofocón de los comensales. También malo el estado de los baños (hilito de agua en las canillas, poca luz para leer los periódicos japoneses en las paredes, calurosísimos, etc.) y la pantalla de televisor en la sala no les queda bien. La cuenta estuvo en los 1200 pesos por persona, lo que es justo pero que no deja esa sensación tan placentera de sentir que se recibió algo más de lo que se pagó.
Febrero 2013
Pizza Tutta

Lo cierto es que no pensaba levantar ahora un comentario sobre Pizza Tutta (vengo bien atrasado con mi lista) pero la calificación de "malo" dada por el lector anterior me motivó a hacerlo. Creo que la misma puede dejar en otros lectores una impresión, en mi opinión, errónea o por lo menos, incompleta. Por supuesto que basta un chivito con mala carne para estropear el concepto que uno pueda hacerse de un lugar y se está en pleno derecho de divulgarlo. Pero es que mi impresión de Pizza Tutta, forjada de las visitas en los últimos 3 o 4 años es bien diferente y también tengo entonces que expresarla. Como se dijo, el local es muy lindo. Con un estilo de bungalow caribeño en madera blanca reluciente. Buen deck techado afuera y mejor terraza arriba con vista del faro y el mar. En general todo el restaurante tiene una onda bien informal sin dejar de ser profesional en lo que hacen. Una nota especial de color y belleza está dada por el arte presente en las paredes. La estrella de la casa como lo anuncia su nombre son las pizzas. Elaboradas en horno de leña con un estilo artesanal y cuidado digno de atención. La masa finita, textura crocante, las coronaciones justas. En mi última visita con unos amigos argentinos gusté de una pizza con rúcula y tomates secos que era una verdadera dellicia y que -pese al tamaño generoso-. me terminé hasta el último bordecito. También recuerdo otra pizza memorable con espinaca y queso brie. Otro detalle no menor a tener en cuenta es que en un entorno como el de José Ignacio que puede ser considerado temible en materia de precios, es que en Tutta no matan con la cuenta. Un almuerzo tardío promediando adultos y niños, con ensaladas, pizzas, una pasta sencilla, helados, licuados y cerveza estuvo en los 600 pesos por persona. Es destacable la labor que con los clientes han venido llevando a cabo los encantadores Sofía y Juan, sus responsables. La nota risueña de la última visita fue, ante cierto parecido que tiene Juan con Pablo Forlán, hacerle creer a los niños más chicos que quien les estaba preparando la pizza era nada menos que el crack uruguayo. Piadoso recomienda este lugar y su pizza.
Enero 2013
La Posada de Don Tiburón (CERRADO)
(cerrado)
Sigue la racha de restaurantes queridos que lamentablemente encuentro cerrados. En este caso, derramo una lágrima que me sale desde el corazón por mi local favorito en el Mercado del Puerto. Don Tiburón tenía un espacio muy atractivo tanto adentro como afuera, una carta bien redondeada balanceada entre productos de mar y parrilla que siempre salían impecables, y una atención por la que uno se sentía mimado con gentilezas y extras inesperados. Todo esto lo hacían, en mi humilde opinión, el número uno en el Mercado. Parece que conflictos laborales precipitaron la decisión de su propietario a buscar diferentes horizontes. Extrañaremos a Don Tiburón. En su lugar ha abierto “Puerto de Mar” sobre el que comentaré a la brevedad.
Enero 2013
Lo de Charlie (CERRADO)
(cerrado)
Tristemente, la iniciativa de Charlie en la costa de Rocha no se consolidó y su bonito local (con mural de motivos de Carlos Páez Vilaró) en la rambla de La Pedrera ha cerrado. Una pena porque el remodelado chalet "Nuestro Lugarcito" era un sitio ideal para disfrutar del estilo impuesto por Charlie ya que tenía el encanto expecial, por ambiente y ubicación, que le faltan a sus restaurantes de la Península y de La Barra.
Enero 2013
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